Generación Extraviada
Ayer observaba la televisión a la hora de las noticias. Un conscripto de ejercito miraba al vacío mientras el periodista le preguntaba cuál era su sueño y el de su hermano: al chico (19 años) se le atoraron en la boca palabras como “patria”, “país”, “defender”, al final dijo, mientras comenzaba a llorar, “yo quiero a mi hermano, yo lo quiero y quiero que vuelva”.
Ese niño y su hermano son parte del grupo de soldados que se perdieron en un ejercicio militar en la zona cordillerana de Antuco, en Chile. El muchacho logró volver con vida, del hermano y de 30 soldados más, aún no se sabe nada.
Aunque en Chile el servicio militar es obligatorio, muchos de ellos se habían inscripto voluntariamente ya que para muchos este trámite les significaba la oportunidad de hacer algo con sus vidas (además de la instrucción militar les enseñan oficios o les ayudan a terminar los estudios). Muchos también se inscribieron porque, como el chico de la entrevista y su hermano, creían en los ideales de la defensa de la patria, otros (los más) se inscribieron obligados por su humilde condición, ya que lo pobres no conocen a nadie con influencia alguna que pueda “sacarles el servicio” con las artimañas que todos conocemos (certificados médicos emitidos “a lo amigo”, conocidos en el ejercito, certificados de estudio, etc.).
El comandante y jefe del ejército, Juan Emilio Cheyre, dijo que la marcha “nunca debió haberse realizado” y relevó del cargo a toda la plana mayor del regimiento. Algunas versiones dicen que no llevaban equipo adecuado y que no tenían instrucción suficiente (no llevaban más de un mes acuartelados). Muchos de los cuerpos que lograron ser rescatados de la montaña estaban congelados en sus sacos de dormir.
En la misma entrevista del noticiero un ex-conscripto con ojos de decepción decía: “a los jóvenes todos nos apuntan, que somos drogadictos, que somos flojos, que no servimos; pero para ir a la guerra si que servimos, para ir a morir a la montaña si que estay bien con 19 años”.
Ambos jóvenes, el muchacho y el ex-conscripto, tenían la misma mirada, los ojos perdidos en un futuro incierto, en una respuesta que se desvanece en presencia de la tragedia de Antuco. Ojalá que Dios nos ayude a encontrarle el camino de regreso a nuestra generación extraviada.
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Jorge Vergara.